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lunes, 7 de diciembre de 2009

LEGARIS: CRIANZA 2006 Y RESERVA 2004. Tinta fina. Ribera del Duero. España.

Hace poco tiempo que os ofrecimos la nota de cata del Legaris crianza 2006. No resultó positiva. A raíz de aquello, el enólogo de la bodega nos escribió un comentario en el que nos expresaba su desacuerdo y nos ofrecía la posibilidad de volver a realizar la cata, no fuera que la botella en cuestión no estuviera en buenas condiciones.
Le agradecemos el envío de una nueva botella, junto con una muestra del Reserva 2004 y procedemos a catarlos.
En cuanto al Crianza, en esta ocasión no hemos encontrado los aromas de reducción que aparecían en la primera cata. Aunque no es intenso en nariz, en este caso ofrece buenos aromas desde el principio: una madera discreta y fina y un fondo de fruta roja.
Este vino tarda mucho en abrirse. En la etiqueta se recomienda su decantación, pero nosotros hemos preferido que el vino evolucione por sí mismo. Cuarenta minutos después ya se aprecia alguna nota distinta procedente de la madera, como el café o el chocolate. Para quien no quiera esperar todo este tiempo, sí es recomendable hacer caso a la indicación de la etiqueta.
En boca es de paso fácil, suave y ligero, con taninos domesticados.
Ahora bien, seguimos echando en falta potencial aromático, tanto en boca como en nariz, independientemente del tiempo transcurrido desde su descorche.
Cierto es que este Legaris nos ha causado otra impresión que la de la primera cata, pero debemos recordar que tiene un precio de más de 12 euros. Hemos bebido muchos otros vinos de inferior o igual precio que nos han satisfecho más.
Pasamos al Reserva. Muestra una capa alta y un bonito color picota, que no denota señal alguna de vejez.
En nariz, es más intenso que el Crianza y la fruta roja madura se percibe con mayor nitidez. Aun así, como su hermano, no es muy aromático. También se recomienda, en su etiqueta, la decantación. Le hemos dado tiempo, sin hacer caso del consejo, para que el vino se vaya oxigenando de una manera menos "traumática". Aun así, mucho después, no hemos apreciado grandes cambios, salvo algunas notas propias de la madera (cedro, lápiz).
En boca ofrece algo más que en nariz. Su entrada es muy suave, con tacto aterciopelado y unos taninos agradables, como su postgusto.
Si tuvieramos que elegir entre los dos, nos quedaríamos sin duda con el Reserva. Pero no podemos olvidar que estamos ante un vino de alrededor de 25 euros.
Agradecemos a J.Bombín el habernos ofrecido la posibilidad de catar estos vinos.
¡Salud!

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