EN INSTAGRAM

Sígueme también en Instagram
Mostrando entradas con la etiqueta PALO CORTADO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PALO CORTADO. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de enero de 2012

PALO CORTADO FERNANDO DE CASTILLA. Palomino. Jerez. España.

Es el último de los vinos que nos quedaba por probar de la bodega  Rey Fernando de Castilla.



De color entre naranja y marrón, en nariz despliega desde el principio la potencia aromática de los vinos generosos. En este caso detectamos las notas avainilladas, de coco, de cedro, de caramelo, del roble americano. También hay notas yodadas y de frutos secos.

En boca resulta difícil no rendirse desde el primer trago a su deliciosa complejidad. Como en los de su especie, resulta eterno.  Encontramos notas salinas, amargas, y una carga alcohólica bien compensada porque también hay acidez.

Excelente. Como ya hemos escrito en otras ocasiones, reivindicamos el enorme valor que tenemos gracias a los vinos generosos. Son vinos únicos que aportan maravillosas sensaciones.

El Palo Cortado es el vino más "raro" de los jerezanos. Tiene características del Amontillado y de Oloroso. En teoría es un vino de nariz delicada, susceptible de tener una crianza biológica; pero por determinadas razones, algunas botas ( que son las barricas grandes jerezanas) desarrollan rasgos que le aportan una boca cercana a los olorosos. Quien tenga curiosidad por el tema puede leer a Jesús Barquín en el enlace. 

Este vino pertenece a la gama alta de la bodega, la serie Antique, y cuesta algo más de 30 euros.
¡Salud! 

viernes, 5 de agosto de 2011

LUSTAU PENÍNSULA PALO CORTADO. Palomino Fino. Jerez


Volvemos al maravilloso mundo de los generosos para regalarnos un Palo Cortado. Como ya comentamos en entradas anteriores (con ocasión de nuestra visita a Jerez de la Frontera), estamos ante un vino singularísimo,ya que es el fruto de determinadas barricas que tienen características tanto de amontillado como de oloroso.


Este, perteneciente a la bodega Lustau, nos lo trajimos de la cata que celebramos en la vinoteca Lavinia de Madrid (también reseñada en nuestro blog) en el mes de mayo.

Se muestra con un color caoba muy bonito.

Cuando lo olemos, como ocurre cuando estamos ante uno de estos vinos, el tiempo parece detenerse por un instante; entonces levantamos la cabeza de la copa y comprendemos que hemos entrado en otro mundo.

Los aromas avellanados se despliegan acompañados, en este caso con notas de miel, incluso de pasa; junto a un tono ligero a barniz que surge al agitar la copa.

Y por fin, lo probamos. La entrada sorprende por su dulzura, pero a medida que el vino invade el paladar son las notas saladas las que invaden nuestro gusto. El paso es sedoso y elegante. El final, larguísimo, como corresponde a estos vinos hechos a base de tiempo.

Por si fuera poco, al día siguiente, podemos disfrutar de su "fondo de copa", como se aprecia en la foto. El resto del vino se ha solidificado concentrando aromas. Delicioso perfume.


Pues bien, todo este conjunto de sensaciones tan placenteras que muy pocos vinos (incluso alimentos sólidos) pueden ofrecernos, son asequibles. Es más, creemos que estas joyas están muy depreciadas (y hasta despreciadas), quizá por el desconocimiento que se tiene de ellas. Es significativo que se valoren más en el extranjero. Nos preguntamos: ¿qué ocurriría si Jerez fuese una ciudad francesa o italiana?

El caso es que nos costó 17,40 en Lavinia.

¡Salud!

jueves, 19 de mayo de 2011

BODEGA LUSTAU. Jerez. España.


Estuvimos en Lavinia para asistir a una presentación de la prestigiosa bodega Lustau de Jerez. Pedro Sánchez fue el encargado de conducir la reunión. Mostró gran profesionalidad y simpatía.        Comenzó hablándonos del origen y evolución de la firma, que se remonta a 1896. José Ruiz Verdejo era un almacenista que producía su propio jerez, y lo vendía a otras bodegas exportadoras. Esto cambió desde 1940. En los años 1970 la bodega experimentó el boom del consumo de los vinos de Jerez y una década después se apostó por la búsqueda de la diferenciación a través de la calidad. En los años 1990, la bajada del valor de la libra llevó a Lustau a una situación crítica, resuelta por su adquisición por el grupo Caballero (el del Ponche Caballero). Se trata de la única bodega jerezana que produce en los tres puntos del vértice Jerez-Puerto de Santa María-Sanlúcar de Barrameda.
A continuación Pedro dio un repaso a algunos de los factores que hacen de estos vinos algo único en el mundo. Habló de la importancia del viento: el Poniente, fresco y húmedo; el Levante, seco, que obliga a las bodegas a cerrar durante el día, porque provoca incluso que el vino se salga de las botas al contraerse estas por la sequedad.
Trató también el factor suelo. La albariza es un sustrato arcilloso, rico en carbonato cálcico (antiguos sedimentos de organismos marinos) que resulta muy esponjoso, teniendo muy buena retención de humedad. Después nos indicó que solo pueden utilizar tres tipos de uvas: la Palomino, la Moscatel y la Pedro Ximénez (esta última traída de Montilla). La Palomino es muy delicada porque tiene una piel fina que obliga a molturarla con rapidez.

Una vez tratados los factores determinantes de estos vinos, Pedro Sánchez pasó a comentar el proceso de vinificación desde el despalillado de la uva, pasando por un prensado suave del que surge un mosto yema, que es el utilizado para estos vinos. Después fermentan en tanques de acero inoxidable, que dan mayor homogeneidad al vino que las tradicionales botas.
Una vez logrado un vino de 12 grados entramos en el terreno del enólogo. Si ve finura y un ligero punzante en el vino, decide que sea un Fino-Manzanilla. Para ello añade alcohol vínico hasta los 15º. Ahí es donde entra en juego la saccharomyces ellipsoideus, la levadura que se irá reproduciendo hasta crear el velo o flor (tarda unos seis meses en lograr su estado óptimo). La flor se nutre de oxígeno y alcohol. Necesita estabilidad ambiental, por eso es más gruesa en las botas de Sanlúcar, porque la influencia marítima atempera las temperaturas. Pero puede ocurrir que el enólogo no vea las características de ligereza que busca en el vino madre, que aprecie mucho cuerpo. Esto supone el camino a la crianza oxidativa. Se encabeza el vino (adicción de alcohol vínico) hasta los 17º. La levadura no puede vivir con esa graduación y no podrá aislar al líquido del oxígeno. Por ello se oxida. Ahí tenemos los otros tipos de vinos jerezanos: Oloroso, Amontillado (que nace como Fino y a los 3 años -mínimo-, pasa a una crianza oxidativa), y el Palo Cortado (que pasa de tener flor unos pocos meses a reconducirse hacia la otra crianza).
Los dulces nacen tras una pasificación de las uvas. Tras su prensado y elaboración inicial se encabezan para tener una crianza oxidativa.
Finalmente llegamos a la bota (la barrica). De roble americano y viejas para que los taninos no interfieran. Las botas se disponen en el tradicional sistema de soleras y criaderas (desde el suelo hasta varios pisos superiores -un oloroso puede llegar a tener seis criaderas-). En Jerez, las normas de la Denominación indican que el vino, cuando se embotella, debe tener un mínimo de tres años en las botas. Este sistema de criaderas y soleras da gran homogeneidad al vino, permitiendo salvar malas añadas, pero es muy caro de producir (recordemos que la crianza mínima es de tres años). En julio y agosto no se realizan sacas de las botas, para no afectar a la flor.
Concluyó esta exposición con algunos detalles interesantes. El tapón de rosca que vemos en los Finos-Manzanilla, es muy útil como resguardo a la oxidación. También trató el tema del consumo. Los Finos, que se deben guardar verticalmente, no aguantan más de un año y medio embotellados. Una vez abierta una botella, un máximo de una semana en la nevera. Los de crianza oxidativa aguantan mucho más (ya están oxidados). La botella abierta puede aguantar hasta dos meses.
Le preguntamos a Pedro por la Manzanilla Pasada. Resulta que es un paso previo al Amontillado. El velo va desapareciendo con el tiempo, cuando apenas queda azúcar en el vino. Se inicia una pequeña oxidación, menor a la del segundo tipo, que origina este vino singular.
 
¿Qué probamos?
Comenzamos con un Lustau Solera Reserva Manzanilla Papirusa de precioso color amarillo intenso (alimonado casi) que dejaba notas de levadura y de cáscara de almendra tostada. Lo probamos en copa grande, donde sus virtudes se apreciaron con claridad.
Pasamos después a un Palo Cortado Solera Reserva Península, con una crianza de unos doce años, de color ámbar oscuro y con notas en nariz de barniz (no necesariamente agradables -se producen por la presencia de aldehídos-) y azúcar tostado. En boca resultó larguísimo. Un vino que combina bien con platos difíciles como el espárrago verde, la alcachofa o el atún rojo a la plancha.
A continuación, un plato fuerte: Lustau Amontillado VORS (iniciales de Vinum Optimum Rarum Signatum). Un vino del que solo se producen 1000 botellas de medio litro y con más de 30 años de crianza. Nos sorprendieron las notas de barniz, resina, mueble viejo, yodo....; y, en boca, su punto salado tan acusado.
Probamos seguidamente un Cream, una mezcla de Oloroso y Pedro Ximénez, que no nos convenció. Se imponía con claridad el peso del segundo.
Rematamos la faena con otro VORS, un Pedro Ximénez que mostró una enorme concentración aromática: higo, miel de caña...
 Esto fue lo que dio de sí la cata. No fue una experiencia tan rotunda como la visita que hicimos el mes pasado a la bodega Fernando Rey de Castilla en Jerez, pero nos ayudó a completar la imagen que vamos atesorando de estos vinos únicos en el mundo, que deben ser más conocidos y valorados, tanto por su excepcionalidad, como por su enorme calidad.

¡Salud!

domingo, 1 de mayo de 2011

BODEGAS REY FERNANDO DE CASTILLA

La culminación a nuestra reciente visita a Jerez de la Frontera se produjo en esta bodega donde estuvimos acompañados por Andrés Soto, su Director Comercial para España; uno de esos hombres que ha vivido el vino desde su infancia y acumula muchísimo conocimiento. Tras su paso por González Byass, se embarcó junto a Jan Pettersen, en este proyecto más personal y atractivo: hacer grandes vinos jerezanos con mayor libertad que la ofrecida por las grandes compañías.

Andrés fue cálido y muy didáctico. Con él estuvimos dando un gran repaso al maravilloso mundo de los vinos generosos elaborados en esta localidad, patrimonio vitivinícola mundial y referencia clarísima de España en el extranjero.

Dentro del edificio que se remonta a 1837 pudimos asistir a una lección magistral de Andrés Soto. Comenzó distinguiendo entre crianza oxidativa y biológica. Esta última es la propia del Fino, que en Sanlúcar de Barrameda se denomina Manzanilla (ya explicaremos el porqué en una próxima entrada). El Fino parte de un vino blanco que se encabeza a 15 grados. Es decir, se le añade alcohol vínico. A continuación, dentro de la barrica, la levadura Saccharomyces realiza su labor fermentativa. Necesita aire para ello, por lo que los toneles, denominados botas, de 500 litros, no se llenan en su totalidad. La levadura crece y forma un velo o flor, una capa blanquecina que aísla el líquido del oxígeno.

Continuando la visita con Andrés, pasamos a hablar de su favorito, el Amontillado. Este nace como Fino y varios años después se encabeza hasta los 18 grados. Ahí la levadura no sobrevive. Comienza la crianza oxidativa, por lo que las botas se pueden llenar completamente. Por cierto, las botas son de roble americano viejo. Aquí los taninos maderosos no son necesarios. Si el Fino presentaba un color amarillo más o menos pálido, pasamos a los tonos anaranjados y marrones. En nariz cambiamos de las notas salinas y almendradas a la avellana. En boca disfrutamos muchísimo con estos vinos que son pura magia, que mezclan delicadeza y complejidad.

Todos estos vinos nacen de la uva palomino y se desarrollan según el sistema de soleras y criaderas, que consiste, grosso modo, en una disposición en vertical de las botas, siendo la más baja la más antigua. Cuando se embotellan se saca el vino de la solera (la que está en el suelo), que, a su vez, se rellena con la inmediatamente superior, la primera criadera, y así sucesivamente hasta llegar a la última bota, que contiene el vino del año. Hay soleras antiquísimas y es que, en Jerez, el tiempo cronológico es el otro factor determinante. Más que hablar de años se podría hablar de décadas para conseguir buenos vinos.


Después de estos vinos pasamos a probar el Pedro Ximénez, otro prodigio que surge de las uvas homónimas pasificadas previamente. Son necesarias cuatro kilos de uvas pasas para que nazca una botella que presenta un color muy oscuro, caoba, y embriaga con su dulzor y suavidad.
Aprovechando la ocasión le preguntamos a nuestro anfitrión por el Cream. Es un vino que surge de la mezcla de Oloroso y Pedro Ximénez. Y es que resulta que nuestros vinos más internacionales se beben en el extranjero, no en su forma pura, sino en mezcolanzas dulzonas de dudoso gusto. Allá ellos.



La visita a la bodega concluyó a lo grande cuando pasamos a tratar el tema del brandy, la otra joya jerezana. Este destilado, que surge de la uva airén manchega (al menos en esta bodega), parte de una base, las holandas, el líquido puro surgido de la destilación. Posteriormente se mezclará, se hidratará con agua desmineralizada. Nos contó Andrés Soto que ellos mantienen el proceso a 40 grados, frente a otras bodegas que llegan a los 65. El objetivo es que la mezcla sea lo más homogénea posible y se nota en que, en nariz, no apreciamos el choque alcohólico que es común cuando estamos ante un destilado de este tipo. También nos dijo Andrés que algunas bodegas añaden, para suavizar el brandy, un porcentaje de Pedro Ximénez. Nosotros pudimos probar varios brandys, que también mantienen el sistema de criaderas y soleras. Fuimos privilegiados y catamos una muestra de su "Único", un brandy que surge de solo quince barricas especialmente seleccionadas. El placer fue inmenso.

Y esto es lo que dio de sí la visita a Rey Fernando de Castilla. Gracias a la amabilidad de Andrés Soto pudimos disfrutar aprendiendo de este maravilloso mundo de los vinos de Jerez. En próximas entradas iremos presentando las notas de cata de los vinos que compramos en la bodega.



¡Salud!