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Mostrando entradas con la etiqueta SOAVE. Mostrar todas las entradas
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martes, 14 de agosto de 2012

SCALIGERI 2008. Garganega. Soave. Italia.


Volvemos con un binomio ya conocido, la DOC Soave, en la región del Veneto, y la uva garganega.  Sandro de Bruno es un productor  no muy grande (63.000 botellas de este Scaligeri) que elabora este vino blanco nacido en un viñedo ubicado en un suelo volcánico.
De color entre  amarillo limón y dorado con reflejos verdosos, en nariz muestra un acusado carácter mineral. Hay notas ahumadas, de fósforo, bien conjuntadas con notas cítricas dulces (naranja confitada) y recuerdos lácteos (como de mantequilla).

En boca es simétrico, reproduce lo anterior. La mineralidad se aprecia en unas notas saladas que van al centro de la lengua. Éstas se combinan con una acidez estupenda que aporta frescor, y un ligero toque graso (trabajo  con las lías) que le da volumen. Además hay un amargor delicado, pero persistente, que es nota distintiva de la variedad garganega.
Un vino muy placentero a un precio, este sí, atractivo. Nos costó 18 € en un restaurante, concretamente en el Bacco D`Oro de Mezzane di Soto, lugar más que recomendable por la comida y porque Mario, un apasionado del vino, sabe tratar a la clientela como se merece.
¡Salud! 

viernes, 20 de abril de 2012

MARCO MOSCONI


Castillo de Soave, atractivo turístico de la zona.
Marco Mosconi
Nuestro paso por Soave-Valpolicella, culminó visitando a Marco Mosconi. Un joven bodeguero que elabora 20.000 botellas de Soave, 2.000 de Amarone y otras 2.000 de Recioto. Cuenta con 12 hectáreas de viñedo propio, en una hacienda familiar. Marco es autodidacta, no ha estudiado enología, aunque no le han faltado influencias familiares. Su abuelo ya hacía vino y tiene tíos que son enólogos, además de otros contactos que a Marco le han servido para formarse. Elabora vinos desde el 2006.
Sistema de pérgola
Con estas credenciales no nos sorprendió oírle decir que, para él, la experiencia es importante. Hay que empezar por entender al propio viñedo. Así, defiende el sistema de pérgola, frente a la espaldera al modo francés o de Barolo (interesante contraste con la cercana bodega Roccolo Grassi, que habíamos visitado un día antes, y que tiene la idea contraria). 
Con buena dosis de lógica piensa que si los grandes vinos de la región, como el amarone, se han venido gestando en pérgola,  no va a ser él quien se ponga en contra de este sistema 
Al hablar de los blancos de Soave nos comentó que quiere un vino fresco, bebible, simple, no alterado en la bodega por la química. Es consciente de dónde está, de lo que dan de sí estos vinos, que se suelen consumir en el mismo año, aunque, nos dice, si la añada es buena, son vinos que pueden durar cinco o seis.
Cajas en las que se pasifica
Usa barricas de roble francés y fudres de madera de Eslovenia. Sus valpolicellas se crían en grandes botas de 500 litros, porque al ser vinos menos estructurados necesitan menor oxigenación; mientras que su amarone se cría en barricas francesas, nuevas, si la añada es buena.

Tras estas pinceladas, pasamos a probar varios vinos, con él, y con su amigo Marco Gazza, que hizo aún más interesante la visita al ser un entendido de vinos, con el que pudimos charlar de vinos italianos y españoles, entre otras cosas. 
Es una pena, aunque es absolutamente comprensible dadas las enormes cantidades que se producen en ambos países,  el poco conocimiento que italianos, franceses y españoles tenemos de los vinos de los otros, porque la diversidad es enorme, y es un hecho distintivo que singulariza a estos países a escala mundial.
   
MARCO MOSCONI SOAVE 2011
Elaborado con garganega, es el caballo de batalla de la bodega.  Acababa de ser embotellado (cuatro días antes) por lo que no estaba en plenitud, aunque pudimos advertir su frescura.

AMARONE 2008
Este vino, elaborado a partir de una pasificación inicial de tres meses, como mínimo (aunque no toda la uva tiene necesariamente que ser pasificada), muestra complejidad. Se aprecia la madera y las especias se suman a la fruta pasificada. En boca resultó sorprendente, algo seco, como corresponde, con taninos poderosos pero ya domesticados y con una frescura sorprendente, máxime cuando vimos en la etiqueta que el vino tenía ¡¡16,5% de alcohol!! Este detalle nos impactó; un vino con destacada acidez y con una graduación con la que podría entrar en el terreno de los generosos.

  
RECIOTO 2009
Elaborado también con garganega, Marco solo elabora 1.000 botellas de 375 ml. Nace a partir de la acción del hongo botrytis (la podredumbre noble),  que deja notas de confitura de naranja, de albaricoque seco, amieladas. En boca nos sorprendemos de nuevo; un vino con muchísima azúcar en el que notamos sequedad y gran acidez. Delicioso. Gran final.

Desde luego, Marco Mosconi es un tipo a seguir. Le deseamos suerte.
¡Salud!

miércoles, 18 de abril de 2012

ROCCOLO GRASSI




Tras nuestra breve etapa en Barolo, pasamos al Véneto. Muy cerca de Verona, en Mezzane di Sotto, la bodega Roccolo Grassi nos abrió sus puertas. La llave que lo hizo posible fue un vino, el Pistín, que probamos hace un año (y que nos gustó mucho, por cierto). 

Viñedos de Mezzane
Nos recibió Marco Sartori, quien comenzó informándonos que en Verona (y alrededores) hay una producción enorme de vino, dato que desconocíamos, ya que la Italia vinícola se asocia a otras regiones como la Toscana.
Fue su abuelo quien inició, en 1956, el proyecto de una hacienda agrícola y ganadera. En 1975 su padre comenzó a hacer vino y en 1996 se inició una pequeña revolución: comprar tierra y vender tierra, con el objetivo de ganar en calidad, al tiempo que se renovaba la bodega.                                                                                                                                                            
Marco nos contó lo que para él son las bases de un gran vino: lo primero es el terroir, lo segundo, una gran viticultura que asegure una buena uva, y, en tercer lugar, una buena enología.
Sistema francés, adoptado por Marco.
Insistió en que hacer dinero con el vino es importante, pero no debe ser lo primero, el objetivo que guíe al proyecto; esto solo provoca vaivenes que no llevan sino a la desorientación. Para él, la clave es hacer el vino en el que cree, que es el vino que le va a gustar al apasionado de los vinos, al que se emociona, ya sea en Rusia o en Estados Unidos. Hacer ese vino implica controlar la cantidad de hectáreas que puede abarcar con su trabajo individual (13-14 hectáreas), y controlar lo que la naturaleza produce. Para ello ha recurrido a un método distinto al tradicional de la región, que es el de pérgola. Marco usa el sistema francés, con una poda que limita la producción de uva a un kilogramo por planta. Nos cuenta que el sistema de pérgola tiene muchas ventajas, como una producción más elevada, con racimos grandes, y una recolección mucho más fácil, pero es el sistema que asegura producciones elevadas para vinos de cooperativa, donde la calidad es menor.

Dentro de la sala de los depósitos de acero, Marco nos contó que prefiere controlar la temperatura del vino para no estresarlo y controlar perfectamente su fermentación. También nos dijo que añade poco sulfuroso, el mínimo que permita asegurar su longevidad. Hablando algo más sobre la tecnología aplicada al vino nos indicó que usa bombas  para los remontados, aunque a una intensidad muy baja, para no alterarlo.
Marco Sartori
No obstante, más importante que lo anterior, es su presencia constante en la bodega. Solo se toma una semana de vacaciones, y si él no está, es su padre el que permanece de centinela.

Charlando sobre la región, nos contó que en Mezzano, las colinas son el sustento de los valpolicella, mientras que en la llanura nacen los vinos soave. Son terrenos fundamentalmente calcáreos. El clima no es seco, por lo que hay riesgo de enfermedades y no quiere dejar todo al capricho de la naturaleza. Sin embargo tiene en mente que en dos o tres décadas su viñedo sea capaz de autogestionarse. Por eso no fuerza su tierra. Tiene una capacidad de regeneración natural y hay que respetarla, no quiere una producción industrializada basada en los aportes de la agroindustria.
Caminando por la bodega nos dijo que los paneles fotovoltaicos aseguran tres cuartas partes de la energía que necesitan; energía usada, por ejemplo, para climatizar el botellero y el parque de barricas.
 El primero sorprende por su tamaño. Marco nos explicó que quiere dejar el vino el mayor tiempo posible en la bodega, para que salga al mercado en su momento óptimo. Es consciente de que este objetivo no puede cumplirlo totalmente, pero está tratando de conseguirlo.
Nos cuenta que usa barricas francesas, con las que investiga sobre sus propiedades: porosidad, tueste, etc. (Esto de la tonelería es otra ciencia que daría para escribir muchas páginas). No hay un tiempo predeterminado de crianza; cuando Marco detecta que el vino no va a ganar más, pasa a embotellarlo. 


Finalizamos la visita probando algunos vinos:

LABROIA 2010 
Ya conocíamos el 2007, que repetimos ese mismo día en el restaurante “Bacco d´Oro”, de Mezzane. Se trata de un vino fermentado en fudre, a partir de la uva garganega; una uva no muy aromática, no explosiva en nariz, pero que da una buena estructura. Nos encontramos un vino fresco, con notable mineralidad. 
El 2007 que probamos en el restaurante mostró más complejidad, con notas de mantequilla.       
Seguimos charlando con Marco y salió a colación el tema de los productores del Viejo y del Nuevo Mundo. Para él, en el Nuevo se están haciendo grandes vinos, aunque le parece difícil que puedan expresar la singularidad que aparece en los viejos países europeos. Marco vende el 45% de su producción en Italia; considera que primero se ha de ser fuerte en el país de origen.

VALPOLICELLA 2007.
Pasamos a los tintos con este vino producto de la mezcla de las variedades corvina, corvinone y rondinella. Un vino que surge tras una pasificación de las uvas durante un mes. Se trata de una práctica tradicional destinada a ganar en concentración y complejidad. El vino se cría, mitad en fudres y mitad en barricas, durante 20 meses más diez de botella.
Nos comenta Marco que va un poco a la contra de la tradición; quiere un vino que destaque por su frescor. Este que probamos nosotros hace gala de  buena fruta roja, especias y hierbas aromáticas. Es algo propio de la corvinone, nos dice Marco, junto a un aroma a tabaco que viene de la colina volcánica que hay cerca del pueblo. En boca este vino parece confirmar los deseos de Marco Sartori, ya que muestra gran acidez.

AMARONE 2007.
Mismas uvas, pero de cepas con más de cuarenta años. También hay pasificación y también se ha buscado destacar la acidez para dar longevidad al vino. Hemos detectado notas de betún, de mucha fruta roja; un vino concentrado, cálido, que nos ha recordado a los buenos priorats. Gran descubrimiento, aunque, todo hay que decirlo, estamos ante vinos, tanto éste como otros amarones,  que no son baratos. 

RECIOTO 2007.
Finalizamos con un vino especial, de tradición local; un vino que las familias toman después de comer. Destaca por su concentración (de nuevo estamos ante la pasificación previa), con notas de miel y fruta roja madura. En boca resulta equilibrado. Consigue dar la sensación de vino exclusivo.
Buen aprendizaje.
¡Salud!

miércoles, 10 de agosto de 2011

LA BROIA 2007. Garganega. Soave. Italia.



Cerca de Verona, la bodega Roccolo Grassi produce este vino blanco a partir de una uva que no conocíamos hasta ahora: la garganega.




De color dorado intenso, con matices verdosos. Descubrimos con sorpresa algunas burbujitas en el fondo de la copa.


Al olerlo nos encontramos con un vino complejo, de los que te ponen a prueba. Hay intensas notas herbáceas y florales. Recuerdos anisados, hierbas de tocador, como de agua de colonia. Pensamos que este vino ha fermentado sobre sus lías (efectivamente, en la página web de la bodega se indican diez meses).



Advertimos también notas minerales y hasta de fruto seco. La madera que lo ha contenido se aprecia sutilmente, sin entorpecer el despliegue aromático anterior.





En boca nos sorprende gratamente su acidez, que será determinante para hacer de este Roccolo Grassi un vino larguísimo. Sin embargo encontramos un paso untuoso muy placentero. Un vino con cuerpo y carácter. Muy bien hecho.


Su precio es muy atractivo. Nos costó unos 15 euros en la Vinoteca Tierra, de Madrid.


¡Salud!