En el verano del año pasado Vinoencasa realizó una gira por Rías Baixas para conocer mejor sus vinos, sus bodegas y los hombres que las hacen posibles. Una de las que visitó fue Fillaboa, en la subzona del Condado, en la ribera del Miño. Allí compramos esta botella de aguardiente envejecido con el propósito de ampliar nuestras experiencias del terreno de los vinos a este otro tan interesante de los destilados. Ha pasado un año y hoy traemos un orujo elaborado a partir de bagazo de uva albariño 100%. Después de más de siete años en barrica de roble francés, adquiere un bonito color tostado, ambarino claro, con reflejos dorados en los bordes y tonos verdosos en el ribete. Deja una densa lágrima que resbala lentamente por las paredes de la copa.
En nariz hay que tratar de abstraerse un poco de los vapores de su 40% de alcohol. Hay recuerdos frutales muy evidentes (fruta muy madura -manzana un poco pocha-) y florales (camomila). Todo ello sobre un fondo de madera vieja que da notas especiadas (vainilla, jenjibre) y "medicinales" (yodo, mercromina). Con el tiempo, según se evapora un poco el alcohol, aparece un puntito anisado (pacharán).
En boca este aguardiente es todo suavidad. Otra vez hay que tratar de no dejarse anular por su generosa carga alcohólica. Si atendemos un poquito, podemos disfrutar de una entrada dulce frutal y un paso sedoso que acaricia el paladar. Por vía retronasal sentimos un torrente de aromas especiados que repiten lo apreciado en el olfato. Es un trago muy largo. Mucho tiempo después, aún tenemos el regusto (caramelo de miel y hierbas aromáticas) de este aguardiente en la boca. Excelente opción para acompañar una tertulia de sobremesa.
Nos costó algo más de 30€ en la propia bodega.
¡Salud!
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